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sábado, 25 de octubre de 2014

Bernat I de Vilamarí

Bernat I de Vilamarí


Bernat I de Vilamarí († 1463) fue un pirata, corsario y almirante de la Corona de Aragón.
Nació en el seno de la poderosa familia catalana de los Vilamarí. Era hijo de Joan Vilamarí i Sagarriga, señor de Buadella (en la actual provincia de Gerona, Cataluña) y es muy probable que naciera en el castillo familiar de dicha villa.

Oriente

Las primeras actividades marítimas de Vilamarí de las que se tiene noticia son de carácter mercenario o corsario. En 1443 acudió a socorrer al déspota de Arta.
En 1450, el rey Alfonso V el Magnánimo (13961458) de Aragón, que se caracterizó por realizar una agresiva política naval mediante la concesión de abundantes patentes de corso, encomendó a Vilamarí el mando de una expedición al Mediterráneo oriental, aprovechando la caótica situación reinante en la zona ante el imparable avance otomano hacia Constantinopla, para hostigar a los navíos de las potencias marítimas enemigas. Debía además socorrer a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén asediados por los turcos en la isla de Rodas.

Castellroig (Kastelorizo)

Razias de Vilamarí desde Castellroig (Kastelorizo).
 
Vilamarí navegó por las costas de Asia Menor, Chipre y Rodas, y atacó naves venecianas, genovesas, egipcias y otomanas. En 1450 se apoderó de Kastelorizo (Castellroig en catalán, "castillo rojo"), un islote situado a menos de un kilómetro y medio de la costa de Licia, y que sería la posición más oriental de Aragón en el Mediterráneo. Pertenecía a los Caballeros Hospitalarios (aunque lo tenían abandonado), quienes por medio de su Gran Maestre Jean de Lastic protestaron, llegando sus quejas incluso al Papa Nicolás V y al Emperador Federico III. Sin embargo, el Pontífice había autorizado a Afonso V a ocupar la isla.
Vilamarí hizo reconstruir la fortaleza de Castellroig, que había sido destruida en 1444 por tropas del Sultán de Egipto durante su guerra contra los Caballeros de Rodas. Instaló en la isla una base de operaciones desde la que ejerció un constante corso y piratería durante los cuatro años siguientes, contra barcos de variada procedencia, así como contra puertos y costas de Anatolia, Palestina, Siria y el delta del Nilo.
Militarmente hablando, los ataques a las costas mamelucas se debían a que el Sultán prestaba ayuda a Mehmed II, el mayor enemigo de la Cristiandad por entonces. En uno de estos enfrentamientos, en Damieta (1451), la hueste de Vilamarí obtuvo una importante victoria, a consecuencia de la cual el Sultán tuvo que firmar un tratado por el que se permitía la libre navegación aragonesa por Egipto.
En 1454, el Almirante fue requerido por Alfonso V y le sustituyó en Castellroig su sobrino Joan de Vilamarí.

Occidente

Su siguiente destino fue el Mediterreáneo occidental (1454-1459), donde combatió con éxito a Génova, atacando tanto objetivos militares (como en Córcega) como sus intereses comerciales. En 1454 destruyó prácticamente por completo un convoy de barcos mercantes genoveses en el Tirreno, cerca de Ponza. En 1457 se puso al frente de una flota de 60 veleros y atacó con ella la costa enemiga, conquistando Noli y disponiéndose después a hacer lo propio con la capital de la república. Sin embargo, la muerte del Magnánimo (27 de junio del 58) hizo suspender las operaciones navales encaminadas a ello.
En la guerra entre Juan II (el sucesor de Alfonso V) y la Generalidad de Cataluña, Vilamarí no quiso tomar partido y marchó a Italia en 1462, donde murió al año siguiente. Su hijo, Bernat II († 1512), también hizo carrera como marino, y destacó en el almirantazgo de la armada napolitana.

Bibliografía

Pedro de Larraondo

Pedro de Larraondo

 

Pedro de Larraondo, originario de Vizcaya, fue pirata y corsario desde 1395 al menos. Junto con otro vizcaíno Juan Pérez de Casa, hizo cundir la alarma en el mar Mediterráneo.

Captura

Muchos fueron los gobernadores que trataron de poner fin a sus tropelías, hasta que al parecer una flota de mercaderes barceloneses lo apresó. Otra versión relata que fue capturado por un barco árabe que apresó a corsos catalanes aliados de Larraondo. Apresados por la armada del Sultán, éste les ofreció el perdón en el caso de que se convirtieran al Islam, y ante su negativa, fue decapitado, lo que le reportó la aureola de mártir.










José Gaspar (Gasparilla)

José Gaspar (Gasparilla)

José Gaspar, conocido por su sobrenombre Gasparilla (supuestamente del 1756 - 1821), fue un supuesto pirata español, "el último de los bucaneros", quien se dice saqueó la costa oeste de la Florida durante finales del siglo 18 y principios del 19. Aunque es una figura popular en el folclor del estado de la Florida en Estados Unidos, no existe evidencia escrita de su existencia antes del siglo 20. Su leyenda es celebrada cada año en la ciudad de Tampa en el Festival Pirata de Gasparilla.

Leyenda

Las historias de Gaspar son relativamente consistentes. Muchos dicen que nació en España en 1766 y sirvió de la Armada Española abordo del buque Floridablanca. Entre sus primeras hazañas se encuentra la toma de una jovencita como rehén; algunas versiones indican que su posterior captura fue una de las motivaciones para unirse a la marina. Versiones más simples de la historia indican que el simplemente inició un motín y se convirtió en pirata poco tiempo después, aunque algunas más románticas dicen que luego de alcanzar un alto rango con la marina se convirtió en un consejero del Rey Carlos III. Llegó a ser popular en la corte, pero cuando dejó a una amante por otra, la dama que había abandonado levantó cargos falsos contra él, los que por lo general se dice fue el robo de las joyas de la corona. Para escapar de su arresto tomó su buque y juró venganza contra su país a través de la piratería. Se cambió el nombre a "Gasparilla" y patrulló la costa oeste de la Florida por los próximos 38 años (por lo general se dice que fue entre 1783 y 1821, aproximadamente los años en los que la Florida estaba bajo control español por segunda vez), saqueando todo barco que se le cruzaba y acumulando un gran tesoro, el cual ocultaba en su escondite en la isla Gasparilla. La mayoría de los prisioneros hombres eran ejecutados o reclutados como piratas, mientras que las mujeres eran llevadas a una isla cercana, llamada isla Captiva por esta razón, donde se volvían concubinas o se las mantenía allí hasta que se recibía un pago por su rescate por parte de sus familias.
Esta es una de varias historias de Gasparilla que tratan de explicar el nombre de un lugar de la zona. Una de las historias más famosas trata sobre una princesa española (o mexicana), supuestamente llamada Useppa, que Gaspar había capturado. Ella rechazó al pirata repetidamente hasta que el amenazó con cortarle la cabeza si no se sometía a su lujuria. Aun así rehusó, y el la mató en un arranque de ira (o alternativamente, porque su tripulación demandó su muerte). El capitán inmediatamente se arrepintió de lo que había hecho y tomó su cuerpo a una isla cercana, la cual llamó isla Useppa en su honor, y la enterró el mismo. Algunas fuentes identifican a esta mujer como Josefa de Mayorga, la hija de Martín de Mayorga, el virrey de Nueva España entre 1779 y 1782, y argumentan que el nombre de la isla fue cambiando con el paso del tiempo. De igual manera, la isla Sanibel también se dice fue nombrada por el primer oficial de Gasparilla, Roderigo López en honor a su ex-amante, luego de que esta lo abandonara en España. Al sentir empatía hacia por el dolor de su amigo, Gaspar eventualmente permitió a Lopez regresar a casa, e incluso de encomendó su diario personal. La isla de Sanibel también ha aparecido en otras historias como la supuesta ubicación del centro de operaciones del César Negro, un pirata haitiano cuya historia se cruza con la de Gasparilla.

Orígenes de la leyenda

Juan Gómez, o John Gómez, fue una persona real que vivió en el suroeste de la Florida a finales del siglo 19 y principios del siglo 20. El viejo hombre era bien conocido por la gente del lugar por sus historias de su supesta vida de pirata, y se decía fue el hombre de mayor edad en los Estados Unidos al momento de su muerte (lo cual es muy poco probable). Se especula que Gómez fue quien cultivó en mayor medida el desarrollo de la leyenda de Gasparilla, aunque no existen registros anteriores al siglo 20 que asocien sus acciones reales con las de José Gaspar, cuya historia, real o ficticia, no aparece en registros escritos hasta aproximadamente 1900, cuando fue incluido en un panfleto de la compañía de trenes Charlotte Harbor and Northern Railroad.1
Este panfleto fue entregado a los huéspedes del Hotel Boca Grande ubicado en la localidad de Boca Grande, el pueblo más grande en la isla de Gasparilla, hace referencia la muerte de John Gómez en 1900 y menciona que el enorme tesoro de Gaspar se encontraba enterrado en algún lugar de la isla, pero que nunca había sido encontrado. La versión de la historia de Gasparilla contada en el panfleto influenció todas las historias subsiguientes, y sirvió de inspiración para el Festival Pirata de Gasparilla de Tampa, celebrado por primera vez en 1904.
En 1923, un historiador de Boston llamado Francis B.C. Bradlee recibió una copia del panfleto por parte del presidente de Charlotte Harbor and Northern Railroad, e incluyó una historia de Gasparilla en un libro que estaba escribiendo sobre piratería. Su libro Piracy In The West Indies And Its Suppression, fue usado como la fuente principal para obras como Pirates' Who's Who de Philip Gosse y Florida Old and New de Frederick W. Dau. Estos autores tomaron la veracidad histórica de Gaspar por sentada. Desde esa vez, las obras históricas sobre piratas han incluido en forma regular a Gasparilla. Al mismo tiempo, el Festival Gasparilla de Tampa siguió creciendo y se volvió cada vez más elaborado; actualmente atrayendo a miles de personas a la ciudad. En 1980, el antropólogo francés Andre-Marcel d'Ans escribió un extenso artículo sobre el desarrollo de la leyenda de Gasparilla y el festival para el Tampa Bay History.1

Festival Pirata de Gasparilla

El buque pirata José Gaspar
 
En 1904, miembros de la élite empresarial de Tampa aramaron una "invasión" de su ciudad basada en la crecientemente popular figura de Gasparilla. Utilizando una organización similar a la del Mardi Gras en Nueva Orleans, los invasores se vistieron de piratas y cabalagaron a través de las calles en un desfile. El evento fue todo un éxito, y los organizadores planearon un espectáculo incluso más elaborado para el año siguiente, donde todos los 60 autmóviles de la ciudad participaron en el desfile por el centro de Tampa. El Festival Pirata de Gasparilla ha sido celebrado casi todos los años desde entonces, con sólo dos cortos paréntesis, y actualmente, más de 400.000 personas participan del evento, el cual contribuye con más de $20.000.000 a la economía local.2

Bibliografía

  • Ans, Andre-Marcel d' (1980). "The Legend of Gasparilla: Myth and History on Florida's West Coast". Tampa Bay History.
  • Bradlee, Francis B. C. (1923). Piracy In The West Indes And Its Suppression. Salem, Massachusetts: Essex.
  • Dau, Frederick W. (1934). Florida Old and New. New York: Putnam's.
  • Gosse, Philip (1989). Pirates Who's Who, Giving Particulars of the Lives & Deaths of the Pirates and Buccaneers. Rio Grande. ISBN 0-87380-165-2




Alonso de Aguilar, el "Joraique"

Alonso de Aguilar, el "Joraique"

Alonso de Aguilar, el Joraique (en castellano antiguo, Xorayque), fue un monfí1 o bandolero morisco nacido en Almería o, según algunos, en Tahal (provincia de Almería, Andalucía, España) alrededor de 1548 y fallecido posiblemente en Tetuán (Marruecos). Fue quizá el más notorio de los bandoleros y piratas moriscos del siglo XVI en el sur de la península Ibérica.

Historia

Es posible que fuera oriundo de la vega del bajo río Andarax, en las cercanías de la capital, donde su familia poseía tierras, en los pagos de El Mamí, Alhadra y Viator. Otros autores apuntan a la posibilidad de que naciese en Tahal, en la provincia almeriense (sierra de los Filabres).

Inicios de la insurgencia

Se inició en las actividades insurgentes en 1566. Encontrándose el 24 de septiembre de ese año en Tabernas, la ciudad fue atacada por piratas berberiscos, a los que se unió en sus correrías. Cabe destacar que en esa fecha se encontraba en el mismo pueblo el maestrescuela Marín, doctor canónigo de la escuela de la catedral de Almería y de origen morisco, a quien se había encomendado la erradicación del bandolerismo monfí.
En 1568 participa en la Rebelión Morisca y dos años más tarde, en 1570, creó una cuadrilla de esclavos huidos que mantuvo en jaque a los cristianos, que fue especialmente activa entre ese año y 1573 y abarcó desde el río Andarax al río Almanzora.

La negociación con el maestrescuela Marín

En septiembre de 1572, el maestrescuela Marín, viejo conocido del Joraique, consigue hacer que diez monfíes depongan las armas. En noviembre del mismo año, el Joraique es apresado junto a otros 41 moriscos, siendo liberados además cinco cristianos viejos. Todos ellos fueron hechos esclavos, pero sólo se marcó a hierro a algunos. Al saber el Joraique, quien no había sido marcado, que los moriscos esclavos irían a galeras, decidió escapar con 13 hombres, refugiándose en las sierras almerienses de Filabres, Alhamilla y Gádor. Los ataques se multiplicaron desde de 1573.
La situación de los bandoleros sigue siendo aun así precaria, y en marzo de ese mismo año la Corona de Castilla dio al maestrescuela Marín salvonconducto para negociar con el Joraique su perdón y traslado a algún lugar de Castilla, aprovechando que eran conocidos. El acuerdo propuesto por Marín ha llegado a nuestros días.2

Huida de España y ataque a la costa almeriense

Las condiciones impuestas por el Joraique no fueron aceptadas en su totalidad por Felipe II, de modo que el monfí, sin esperar el resultado de una segunda negociación, decidió escapar a África. La noche del 17 al 18 de abril él y 30 hombres se apoderan en las playas de Vera (probablemente en las inmediaciones de Garrucha, 100 kilómetros al norte del lugar de las negociaciones) de una embarcación, tras matar a nueve cristianos. Los monfíes inutilizaron el resto de embarcaciones que había en la playa, se reunieron con tres galeotas que aguardaban en el cabo de Gata y pusieron proa al Magreb. Los cristianos viejos, empero, se alegran de perder de vista al bandolero.
Refugiado en Tetuán, el Joraique se puso al servicio de las autoridades marroquíes para organizar ataques piratas contra la costa de Almería. Ente el 16 y el 20 de septiembre de 1573 desembarcó en Agua Amarga, en el actual Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y atacó por sorpresa las poblaciones interiores de Sorbas y Tahal en una incursión de más de 60 kilómetros. En este último sembró el pánico, matando a cuatro cristianos y raptando a otros diez, y quemando tres casas. El ataque provocó una oleada de pánico que desembocó en el despoblamiento de quince aldeas vecinas. Aquel perro de Joraique, como se le llamaba, no parece que volviese a tierras de Almería después de esta incursión.

Curiosidades

Topónimos

  • El apelativo morisco del monfí aparece como topónimo en varios lugares de Andalucía Oriental. En las cercanías de Serón, población del valle del río Almanzora situada al pie de la falda norte de la sierra de los Filabres, se sitúa el Cocón de Joraique, cerro de 1.928 msnm. Asimismo, a escasos 2 km de Dólar, ya en la provincia de Granada, existe un Cerro de Joraique, el cual se integra en la falda norte de Sierra Nevada. Existe asimismo un Peñón de Joraique en el término municipal de Nacimiento (ver La leyenda de Joraique y Perea), y unos llanos y cortijo de Joraique en el término municipal de Pedro Martínez, en la provincia de Granada.
El nombre Joraique o Xorayque no es exclusivo, sin embargo, de Alonso de Aguilar, pues aparece como apelativo de otros moriscos del sureste español durante el siglo XVI.3

La leyenda de Joraique y Perea

  • En Alboloduy, población de la Alpujarra almeriense, se cuenta la leyenda de Joraique y Perea. Según la misma, el primero, morisco, era señor del Montenegro, primero de los picos de la Sierra Nevada almeriense, que domina Alboloduy. El segundo, cristiano, controlaba la margen izquierda del río Nacimiento. Entre ambos surgían a menudo disputas por los lugares donde abrevar el ganado. Un día se desafiaron en duelo: Joraique se presentó en el lugar de la cita armado de una formidable espada, pero Perea, haciendo gala de escueto valor, prefirió no hacer acto de presencia. Ante esto, Joraique se enfureció y para dejar constancia de su presencia, dio con ira varios mandobles a la roca que tenía más cercana. Desde entonces este lugar se llama de las Cuchillás. En las inmediaciones del Montenegro existe aún un peñón que se llama de Joraique, situado cerca del término municipal de Nacimiento, en un lugar que antiguamente pertenecía a Alboloduy.4

La canción de Juan Perro

Bibliografía

  • Díaz López, Julián Pablo (ed.): Diccionario Biográfico de Almería. Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 2006. ISBN: 84-8108-369-0.
  • Matarín Guil, Manuel F.; Abad Gutiérrez, Julia: Etnografía y folklore en un medio rural. Alboloduy (Almería). Almería: Instituto de Estudios Almerienses-Ayuntamiento de Alboloduy, 1995, p. 177.
  • Vincent, Bernard: El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI). Aparecido en Revue d'Histoire moderne et contemporaine, 1974; pp. 389-400. Disponible en Alyamiah.com.
  • Letra del tema El Joraique en el sitio Web oficial de Juan Perro.
  • Vídeo del tema cantado en directo por Juan Perro en YouTube.
  • Edad Moderna: La expulsión de los moriscos. El fin de la Almería musulmana., en Indalia.es.














Ángel García, (Cabeza de Perro)


Ángel García, (Cabeza de Perro)

Ángel García, apodado Cabeza de Perro (Igueste de San Andrés, Tenerife, Canarias, 1800 - Santa Cruz de Tenerife, ?), fue un pirata español que presentaba acusados rasgos físicos, de ahí su apodo y que murió ejecutado en Santa Cruz de Tenerife.
En el barrio de San Lázaro, en La Habana (Cuba), poseía un palacio cuyo aspecto exterior era el de una dulcería; por dentro, estaba repleto de espejos y lámparas con incrustaciones de oro; las habitaciones se comunicaban con puertas secretas que daban a los sótanos de la muerte donde su fiel servidor, Plácido el Mulato, esperaba a sus víctimas; los cuartos estaban llenos de arcas con los frutos de las rapiñas (dinero, alhajas, relojes, etc...).
El episodio más conocido del pirata fue el asalto que, desde su barco insignia "El Invencible", efectuó al bergantín "El Audaz" en su recorrido desde La Habana a Nueva York. En la refriega acuchilló a los tripulantes y pasajeros, excepto a una mujer y a su hijo, quienes se habían escondido; no obstante, cuando ambos fueron descubiertos los arrojó al mar, al tiempo que hundía el barco y emprendía la retirada.
A su regreso a Canarias, fue apresado en el Castillo de Paso Alto de Santa Cruz de Tenerife, en donde murió ejecutado. Se dice que instantes antes de la ejecución pidió un habano, donó la maqueta de un bergantín a la Virgen del Carmen y para demostrar su personalidad arrogante hasta el final, se atavió un pañuelo rojo en la cabeza y lanzó una mirada y una sonrisa irónica mientras recibía los disparos que acabaron con su vida.





Benito de Soto Aboal

Benito de Soto Aboal


(Pontevedra, 22 de marzo de 1805Gibraltar, 25 de enero de 1830), pirata gallego de principios del siglo XIX.

La aventura de uno de los pocos piratas gallegos que alcanzaron fama mundial pero que pasó a la historia como uno de los más sanguinarios, sino el que más, comenzó en el bergantín brasileño El Defensor de Pedro, que partió de Río de Janeiro en 1823. Tras un motín, Soto Aboal abandonó al capitán de la nave en tierras africanas y se lanzó a la piratería, siendo su primera víctima la fragata mercante Morning-Star, de bandera inglesa. Habiendo saqueado la nave y asesinado a casi todos sus ocupantes, puso rumbo al Norte, hacia las islas portuguesas Azores, cometiendo varios abordajes más. Su segunda víctima fue la fragata norteamericana Topacio que provenía de Calcuta con un rico cargamento a bordo. La misma fue abordada, saqueada e incendiada, después de masacrar a gran parte de su pasaje. En viaje a las islas Cabo Verde, Benito de Soto abordó un segundo bergantín inglés, al que también hundió y ocho días después, cerca del archipiélago de las Canarias asaltó la fragata Sumbury de la misma nacionalidad, que viajaba a Saint Thomas, acribillando a su tripulación.

Poniendo proa nuevamente a las Azores, Benito de Soto abordó de manera sangrienta un buque portugués procedente de Río de Janeiro y en viaje de regreso a España, asaltó el Cessnock, también lusitano y el bergantín inglés New Prospect. Las dos embarcaciones, en especial la británica, fueron víctimas de la terrible crueldad del pirata, así como también, la de su segundo en el mando, Víctor Barbazán.

Tras asesinar a tres de sus compañeros, por considerarlos poco leales, llegaron a puerto en La Coruña y, fingiendo uno de los piratas ser el legítimo capitán, vendieron la mercancía.

Seguidamente, el barco se dirigió a las costas de Cádiz, donde planeaban deshacerse de él para retirarse y disfrutar de las ganancias. Sin embargo, al divisar el faro de la Isla de León lo creyeron el de Tarifa, y terminaron embarrancados a corta distancia de Cádiz. Tras un periodo inicial de confusión, la expectación generada provocó que fueran descubiertos, y diez miembros de la tripulación fueron ahorcados en la ciudad andaluza. El capitán Soto, por su parte, tras huir a Gibraltar, fue igualmente hecho preso y condenado a muerte en la horca en la colonia británica, por la ejecución u ordenamiento de 75 asesinatos comprobados y 10 embarcaciones saqueadas o hundidas.

Bibliografía

Poco se ha escrito sobre las correrías de este pirata, catalogado como "el último pirata del Atlántico".

Quizás el trabajo que recoge con más precisión todos los acontecimientos es el correspondiente al Capitán de Navío Joaquín Lazaga y Garay, quien en 1892 publicó el ensayo histórico titulado "Los piratas del Defensor de Pedro. Extracto de las causas y proceso formados contra los piratas del Bergantín brasileño El Defensor de Pedro, que fueron ahorcados en Cádiz en los días 11 y 12 de enero de 1830".

En 1855, el escritor Alejandro Benisia y Fernández de la Somera escribió "El milano de los mares". Una "novela rosa", muy al gusto de la época en la que se narraban parte de los hechos.
Un siglo después, el autor gallego José María Castroviejo publicó "La Burla Negra" (Ed. Planeta). Novela más fidedigna que las anteriores, pero que no trata a De Soto como el auténtico protagonista de la trama sino a Victor Saint Cyr Barbazán, otro de los piratas.

En 1992, el pontevedrés Alberto Fortes, publica la novela "Amargas han sido las horas" (Ed. Novo Século, 1992), cuyo argumento trata de la estadía de Edgar Allan Poe en Pontevedra, hecho prisionero por Benito Soto en uno de sus múltiples abordajes. Es un ejercidio de ficción muy interesante y un ameno recorrido por la Pontevedra decimonónica.

Otro de los autores que se acordó de De Soto fue Ramón Solís en su novela "El dueño del miedo", publicada en 1971, nombró parte de los acontecimientos.

En el año el 1996, el periodista Angel Joaniquet reseña en sus libros "Pirates i Corsaris" (Editorial. Noray) y "Nuestros Piratas" (Ed. Noray, 2002), las correrías de Benito de Soto, y la de otros españoles en el Atlántico, como la de los negreros Pedro Gibert, Bernado de Soto (otro pirata con el mismo apellido que el nombrado Benito), Domingo Muñoz o Josep Sama. Estos hechos le sirvieron para escribir un relato de ficción "El viaje secreto del capitán J. Mirambell"(1998), donde se hace una referencia al tesoro del pirata Benito de Soto guardado en la isla Trinidade. Ese mismo año, el vigués Jorge Parada Mejuto, a la sazón gobernador civil de Pontevedra, publica una biografía de Benito Soto, titulada "El último pirata" (Servicio de Publicaciones de la Excma. Diputación de Pontevedra, 1996).


Gerardo González de Vega, en su obra "Mar Brava" (Ediciones B, 1999), detalla y sintetiza de forma ejemplar las desventuras de Benito de Soto entre otras historias de piratas.
El autor gaditano Francisco Javier Castro Miranda y el cordobés Enrique García Luque, han publicado la novela "Los Diablos del Mar. La odisea de la Burla Negra" (Editorial Absalon, 2008). Una ficción histórica sumamente completa y entretenida, fiel a los datos reales y que, al margen de ofrecer datos como sentencias, barcos atacados y mapas, relaciona a Benito de Soto con el misterio de "Los Duros Antiguos".

En abril del año 2009, el pontevedrés Ramón Pedras -Petete- ha publicado la historia del pirata en formato cuento. "Benito Soto, el último pirata" relata las aventuras del joven de la Moureira que se convirtió, con tan sólo 22 años, en el terror del Atlántico.
La vida de "El último pirata" es llevada a escena por la compañía de teatro pontevedresa "105 BESOS" de Vicky Estévez y Tito Montes.

Aunque entra esto a formar parte de la leyenda, se dice que José de Espronceda se basó en la muerte de De Soto para inspirarse en su famosa Canción del pirata publicada por primera vez en 1840, diez años después de la ejecución del gallego.

El poeta pontevedrés Andrés Muruais Rodríguez escribió un poema dedicado a Benito Soto, cuyo título, El milano de los mares, fue extraído del título de la novela de Alejandro Benisia. Fue publicado por primera vez dentro de la antología "Cantos inarmónicos" en enero de 1874; colección de poemas que fueron apareciendo sucesivamente en el periódico pontevedrés El Deber. A continuación lo reproducimos en su integridad:

                                                         EL MILANO DE LOS MARES (Poema de Andrés Muruais)

Bebamos, gocemos, y en sangre teñidos
Cien cráneos rompamos, no hayamos piedad;
Mil muertos hollemos sobre ellos dormidos,
Y audaz nos despierte rugiente huracán.
Que el buque se encuentre de miembros sangrientos
Cubierto, y de rojo nos tiñan los pies.
Que apaguen las olas los sordos lamentos
De aquel que expirante su muerte prevé.
Que rujan los truenos, que nuestra victoria
Bramando del cielo pregone la voz,
Pues solo matando se encuentra la gloria
Y al fin si matamos también mata Dios.
Bebamos, borrachos el hacha empuñemos,
Brillantes los ojos indiquen furor;
Con ríos de sangre tan solo soñemos,
De gritos de muerte durmamos al son.
Que estalle iracunda tormenta horrorosa,
Que el rayo los cielos veamos rasgar,
Con furia indomable la mar caprichosa
Que el buque sacuda creciendo en afán.
Que el agua y la sangre nos mojen ¿qué importa,
Si el vino espumoso nos presta calor?
Bebamos, brindemos, la vida es muy corta.
No importa; retemos al mundo y a Dios.
Sones del Milano los que horribles canto,
Así entonan beodos roncamente
Mientras la noche extiende el negro manto
Sobre el dormido mar calladamente.
Y nubes que sombrías, silenciosas,
Allá en el horizonte se ocultaban,
Se extienden en figuras caprichosas
Mientras ellos su canto comenzaban.
Las tinieblas aumentan, llegan, crecen,
Recubre al horizonte negro velo
Que se extiende sin fin, y desaparecen
Revueltos en la oscura mar y cielo.
Un buque, a quien las sombras circundando,

Confuso e invisible hacen muy luengo,
Es quien está en su seno albergue dando
A una tripulación de almas de fuego.
La forman cien piratas, bravos, fieros
Que del mundo terror a centenares
 
Enemigos vencidos, prisioneros,  
Arrojaron al fondo de los mares.
Feroces son: miradlos en la orgía.
Inmunda bacanal mejor sumidos,
De aspecto horrible, sucio y faz bravía,
Estúpido mirar y ojos hundidos,
Borrachos caen pero blasfemando
Se alzan luego con bocas espumantes
Y otra botella apuran pronunciando
Mil palabras obscenas, delirantes.
Y vuelven a caer pesadamente
Palabras murmurando incomprensibles,
En tanto el viento agita sordamente
Las olas con sus alas invisibles.
Y se insultan y arrojan con estruendo
De botellas los cascos ya vacíos
Con ellos la bodega recubriendo
Y al cielo desafían siempre impíos.
Van cayendo uno a uno, amontonados
Se agitan sobre el sucio pavimento
Y uno solo los mira aletargados
Distraído, sin voz, sin movimiento.
Es un gigante vigoroso, fuerte,
De barba larga, espesa, enmarañada,
Que una estatua asemeja por lo inerte
Y aterra allí mirarla colocada.
Su indefinible abigarrado traje,
El anchísimo, velludo pecho enseña
De piel curtida cual la de un salvaje
Que el coloso en lucir no se desdeña.
Su hercúleo brazo tiene arremangado.
En la ancha mano apoya la cabeza
Y el codo en tosca mesa sustentado,
Revela en su ademán honda tristeza.
Alguna vez sonríe; aterradora
Es la sonrisa que en sus labios vaga
Y un ligero carmín su faz colora
De un fuego interno chispa que se apaga.
A veces con mirada desdeñosa
Contempla a sus dormidos compañeros
Que a impulsos ruedan de la mar furiosa
Que el buque hace crujir con golpes fieros.

Otras presta atención y oye del viento
Al chocar en las velas los chasquidos
Pronunciando en voz baja un juramento
Con los ojos al cielo dirigidos.
Al fin se pone en pie; sobre cubierta
A un mástil arrimado vese luego
Contemplando la frente descubierta
Cual el mar se enfurece, con sosiego.
Su poblada melena el viento agita:
La obscuridad le envuelve, le rodea
De sus ojos tan solo el fuego imita
La mirada que a veces centellea.
Dos horas pasan en que el viento arrecia
Las olas crecen, con el buque juegan
Y él permanece allí porque desprecia
Las olas que van y las que llegan.
Y crece el huracán y en furia crece
La mar que se revuelve alborotada
Y que goza en mirarla así parada
Pues deja oír sonora carcajada.
Y el buque salta, cruza, rompe, hiende,
Las olas ocultándose bajo ellas.
Pero pronto orgulloso, altivo asciende
Y la escena iluminan las centellas
Rugiente el trueno ronco retumbando
Sobre los velos que extendió la noche
La voz de Dios parece amenazando
O al mundo dirigiendo algún reproche.
Y brilla el rayo rápido vibrante
Las sombras disipando débilmente
Un momento no más, un solo instante
Para hundirse en el mar rápidamente.
Y con estruendo aterrador prosigue
Rugiendo el trueno, el huracán bramando
Su furia sin que nada lo mitigue.
Siguiéndola el pirata contemplando.
Mas no sonríe ya: sino que inquieto
La oscuridad indaga y afanoso
Procura descubrir algún objeto
Que allá divisa sobre el mar furioso.
Ve allá a lo lejos cuando el rayo alumbra
Un buque que aparece y que se oculta



Que si a veces el mar al cielo encumbra
En su seno otras veces le sepulta.
Con voz que al trueno y al huracán domina
¡Presa a la vista! fuertemente grita.
Y un rayo en su mirada que examina
el objeto que el mar rugiendo agita.
Y pronto soñolientos la cubierta
Llenan los hombres que el Milano abriga
Tendiendo en derredor la vista incierta
Dispuestos del combate a la fatiga.
En desorden el traje, armas siniestras
Empuñan que al mirarlas horroriza:
Con furia las oprimen en las diestras.
Y se anima su faz dura, cobriza.
Y procuran la presa que codician,
Al alcance tener de sus cañones
Y el pensamiento abrigan y acarician
de vencerla luchando cual leones.
Y unas veces las olas los alejan
De la presa que hacer luchando quieren
Y a ella aproximarse otras los dejan
Y ellos con gritos el espacio hieren
Del trueno que ruge, ¿qué ronco bramido
Qué estrépito horrible la voz apagó?
¿Por qué los piratas con fuerte alarido
con ¡hurras!, saludan tan hórrido son?
La muerte invisible su aliento infectado
Lanzó a los cañones con torvo mirar
Las tablas del puente del buque atacado
De sangre muy pronto teñidas están.
Comienza el combate que el rayo ilumina
Al trueno responde la voz del cañón
Y sobre las aguas el viento camina
Movibles montañas formando veloz.
¡Viva! ¡Oé! valientes, son nuestras sus vidas
Luchando vencimos… ¡bien venga el botín!
¡A ellos! que viertan las anchas heridas
de sangre enemiga torrentes sin fin.
¡Qué caigan! ¡Que mueran! ¿Quién vence al pirata?
Ni ruda tormenta ni fuerte huracán
El mundo le tiembla cobarde y le acata
Las olas y el viento sumisos le están.